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jueves, 10 de junio de 2010

Monográfico en Consumer

Me prodigo poco en el blog últimamente, se nota, ¿verdad? Bueno, tengo excusa, las obras en mi casa me acaparan todo el tiempo libre y casi ni puedo leer blogs, ni hablemos de coser, y bloguear es como ciencia ficción. Pero merece la pena, ya lo veréis! Prometo enseñaros los resultados.

Así que hoy, una entrada rapidita para dejaros un enlace a un monográfico que ha publicado Consumer sobre adopción. Hay cosas que comparto, cosas que me han gustado y otras menos. ¿Queréis debatir? A mi, por ejemplo, me chirría el titular "Cuánto cuesta... y los trámites, etc."

Aquí lo tenéis. Ya me contaréis.


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viernes, 23 de octubre de 2009

Entrevista a Pilar Rahola

Gracias a mi amiga Ana por hacerme llegar este enlace. Espero que os parezca igual de interesante que a mi. (Artículo aparecido en Noticias de Navarra con motivo de la presentación de Afadena)

pilar rahola doctora en filología hispánica y catalana, periodista y madre biológica y adoptiva

"La adopción no resulta sólo un acto de vida y de amor, es un auténtico caudal de felicidad"

La Asociación de Familias Adoptivas de Navarra se presentó el sábado en Estella. Para ello contó con la presencia de Pilar Rahola (Barcelona, 1958), que, como madre biológica y adoptiva, expuso su experiencia durante el proceso nacional y el internacional
Doctora en Filosofía hispánica y catalana, durante años periodista en televisión y prensa, pero sobre todo madre. Pilar Rahola tiene una hija biológica, un hijo adoptado en España y otra hija adoptada en Siberia. Por lo tanto, conoce dos procesos de adopción completamente diferentes y acercó su vivencia a unos 50 estelleses. ¿Qué le diría usted a una familia que está planteándose adoptar a un niño?
Yo nunca aconsejaría adoptar a nadie, pero si alguien ha tomado la decisión le diría tres cosas. La primera es que va a tener que luchar mucho, es una carrera de obstáculos y a veces son complejos; que el camino es duro pero extraordinario y que se preparen para vivir el momento más extraordinario de su vida. Yo, que he vivido la maternidad biológica y la adoptiva, sólo os puedo decir que con mi hija biológica no me acuerdo del primer beso que le di, porque seguramente le di montones de besos desde el primer minuto, pero recuerdo el primer beso de mi hijo adoptivo, porque tardé tres meses en poder tocarle porque tenía miedo a los adultos. La adopción no sólo es un acto de vida, de construcción interior y de amor, es también un auténtico momento y un auténtico caudal de felicidad.
Ha adoptado dos veces, una en el extranjero y otra en España. ¿Qué diferencias hay?
Ciertamente tengo maternidad biológica, maternidad adoptiva en España y maternidad adoptiva internacional. Fue más fácil en España y, a la vez, más duro. Porque en España, cuando adopté a mi hijo Noé, que ahora tiene 17 años y ya hace mucho tiempo de ello, la burocracia fue lenta, pero fácil porque no tienes que llevar traducciones compulsadas ni cincuenta mil millones de papeles, no te vas a un lugar del mundo que no está en ningún mapa, estás aquí parece más sencillo, pero al mismo tiempo, como entras en un proceso de adopción preadoptiva, te quedas en esa especie de limbo, ese agujero negro donde nunca sabes si puede pasar algo por lo que finalmente no tengas a ese niño.
¿Cuánto tiempo estuvo usted en el periodo preadoptivo?
Yo pasé un año y medio desde que me dieron a Noé hasta que finalmente fue mi hijo. Ese año y medio fue un año de mucho miedo. A pesar de que había sido un niño con maltrato había petición de visitas por parte de sus padres biológicos, que finalmente no se presentaban. Era un subir y bajar permanente del estado de ánimo del niño durante su reconstrucción y finalmente siempre estabas pendiente de que un juez dijera "que vuelva que con sus padres, por si acaso". Ese año y medio fue de una dureza tan brutal que yo no me volví a atrever a adoptar en España dije "me voy, me voy donde sea" y me fui a Siberia porque me llevó el mundo hacia allí.
¿Cómo es el proceso allí?
Te vas lejos, pero al menos en el momento en el que yo pasé la frontera con mi hija y mi pasaporte y su pasaporte, yo ya sabía que era mi hija, ya no había incertidumbre, ya no había miedos. Todo tiene su dificultad, estate peleando en español con traductor ruso en un pueblo perdido de Siberia, con una especie de jueza inmensa cargada de medallas que te está mirando con cara de odio. Es duro, pero al día siguiente Ada era mi hija. Aquí el juez era muy amable, muy simpático, pero tardó un año y medio en decidir y ese año y medio no se lo quiero a nadie.
¿Considera que contar con asociaciones como Afadena ayuda?
No tengo ninguna duda de que contar con una asociación sin ánimo de lucro con voluntad de ayudar, con voluntad de servicio público es como si los amigos te acompañasen. El camino es solitario, siempre en el mundo de la adopción como en el cualquier ejercicio de maternidad y paternidad es un acto individual, pero en la biológica te acompaña la familia, la gente que te quiere. En un proceso de adopción, que te vas lejos a mundos que no conoces a veces hay problemas por el camino que no sabes resolver y tener a un grupo de gente que se convierte momentáneamente en tu familia y te va acompañando por el camino te ayuda, como cuando surgen problemas y te orienta diciéndote "pues llama a esta puerta". Hay momentos en los que tú no sabes cómo respiras porque en el fondo este tipo de asociaciones son el oxígeno que te falta cuando estás a punto de desfallecer, porque a pesar de que vas a vivir un momento extraordinario en tu vida que es cuando tus ojos se cruzan con los de tu hijo, hasta que llegas ahí, a veces te vas ahogando y entonces hay gente que aparece por el camino, que no la conoces de nada y te dice "te acompaño" y eso es extraordinario y, realmente, muy útil.
¿Qué momentos son los más duros?
Cuando estás en un proceso preadoptivo, antes de llegar a la adopción estás hipersensible. Es como si estuvieras embarazada y de golpe sabes que a alguien le ha pasado algo y entonces te preguntas ¿irá todo bien? Cada vez que hay una llamada oficial del Gobierno autonómico, en este caso, o cada vez que llega un papel certificado o cada vez que llama un policía a la puerta porque hay un papel de los juzgados, ésos son momentos de extrema dureza porque realmente dependes de que un hombre o una mujer diga sí y se te acaba todo o diga no y todo empieza para tu horror.
En el año y medio en el que estuvo en preadoptivo, hubo algún momento que fuera extremadamente duro y en el que tuvo miedo.
Sí. Noé fue un niño maltratado que tenía muchísimo miedo y, por ejemplo, cuando vio la bañera llena de muñequitos de goma empezó a chillar de miedo, él nunca se había bañado, y se tiró en el suelo y no quería que lo tocaras y yo, que soy besucona, no lo podía besar. Al final fuimos directamente, como construyendo la relación y de golpe dijo el juez que tenía que haber visitas del padre. Ese padre que le había creado tantos problemas a un niño de año y medio. El primer día que subí al coche y le tuve que explicar, ahora vamos a ir a un sitio y te va a coger un señor que te va a llevar a otro sitio donde va a estar tu papá biológico, ¿cómo explicas eso a un niño que está empezando a olvidar? Y fue tan duro para él y tan duro para mí, que aún ahora que han pasado 16 años me emociono. La verdad es que ese día se hundió él, me hundí yo, el padre no apareció, pero nosotros vivimos el sufrimiento y todo lo que habíamos ganado lo volvimos a perder. Esa noche tuvimos pesadillas los dos. Esa noche todo fue terrible, volvimos hacia atrás. Fue el peor momento. Luego esto se repitió otras veces, pero nunca como la primera vez. Hasta que un día el juez dijo "como no se ha presentado, quitamos las visitas" y ganamos un peldaño.
Su libro "Carta a mi hijo adoptado" se ha convertido en un referente para padres adoptivos. ¿Se lo esperaba?.
Cuando la Editorial Planeta me planteó hacer un libro sobre mi experiencia como madre adoptiva, dije que no. Porque me daba pánico, porque pensé: "Dios mío, este libro tiene un solo lector, que es mi hijo. ¿Cómo le explico a mi hijo mis miedos, mis dudas?" porque por el camino dudas, y "¿le explico todo?, ¿tengo el derecho y también el deber de ser absolutamente sincera o quizá no tanto? ¿Quizá hay aspectos duros de su proceso que le debo ahorrar?". El libro fue un ejercicio de honestidad y de sinceridad con él y conmigo, no me preocupaba nada el lector externo porque me preocupaba mucho el lector interno, tardé tres meses en decir que sí, y el primer día que escribí la primera frase, para probar, me di cuenta de que sí, que podía escribir el libro, porque era una carta para él y vería cómo los padres somos también vulnerables y frágiles, y al final es un camino de temor y de crecimiento personal. Al final resultó que como el libro había sido muy sincero y muy interno, sirvió para el exterior. En resumen, al principio dije que no, no lo hubiera escrito nunca y de golpe fue el único libro que me hubiera gustado escribir.
¿Cómo fue el momento en el que su hijo lo leyó?
Aún no lo ha leído. Quiso estar en la portada, fue él el que me pidió "oye si hablas de mí, quiero salir en la foto", a pesar de que es un niño tímido, quiso estar. Es su historia, todos sus profesores han tenido cada año su libro, es decir que todo el mundo lo conoce y él no lo ha leído. Un día le dije "¿no vas a leer tu libro?" Y me dijo "algún día, no hay prisa". Tampoco me pregunta. Yo creo que Noé tuvo su momento de dolor y ahora está muy bien. Ya abrirá esa puerta algún día. No pregunta, no tiene interés, tiene su libro allí. Está tranquilo, sus problemas no pasan por este tema, pasan por aprobar y por las chicas, es una hormona andante con 17 años, entonces ¿qué le explicas? Al final, el proceso adoptivo se convierte sólo en una maternidad y entonces has vencido.




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miércoles, 14 de octubre de 2009

Artículo en Consumer

Reproduzco aquí un artículo que me ha parecido, si bien algo obvio, completo y correcto. Publicado en la revista Consumer del grupo Eroski.
La llegada del hijo adoptado a su nuevo hogar: Claves para una adopción sin traumas

La adaptación de un menor adoptado a su nuevo entorno precisa de media entre 6 meses y un año

En 2007 se adoptaron en España 3.648 niños y niñas procedentes de 41 países. La suma de costumbres culturales y sociales muy diferentes, junto a un proceso largo y lleno de altibajos, pueden causar dificultades en la adaptación de los pequeños a sus nuevas familias. El periodo de adaptación se prolonga de media entre seis meses y un año. Conviene que los nuevos padres asuman que un menor adoptado atraviesa diferentes fases hasta que se asienta en su futuro hogar. La duración de cada una de estas etapas varía, como también lo hace la facilidad del niño o de la niña para encajar en un entorno completamente distinto del que proviene. En ambos casos, y por regla general, el tiempo requerido será más breve cuanto menor sea la edad de la criatura.
Preparando el momento de la llegada

* La primera premisa para que la adaptación sea un éxito es aceptar al niño o niña tal y como es. Para ello es aconsejable dejar de lado las expectativas generadas para evitar así cualquier atisbo de frustración o decepción.
* No desarrolle ideas preconcebidas sobre el período de ajuste familiar tras la llegada del pequeño. No olvide que es una etapa de transición, en la que todos los miembros de la familia, y no sólo el menor adoptado, se ven involucrados.
* Conviene evaluar la situación de la persona adoptada desde todos los ámbitos posibles de su desarrollo: físico, psicológico y madurativo, cognitivo e intelectual, y social.
* Es muy importante conocer los antecedentes, acontecimientos, daños, traumas y vivencias del niño y de la niña adoptada porque repercuten en su personalidad, en sus comportamientos, carácter, forma de percibir la realidad, desarrollo y en la convivencia familiar. Estar al tanto de estos antecedentes permitirá entender y trabajar con mayores garantías de buenos resultados sus secuelas, retrasos y trastornos.
* Antes de la llegada del pequeño, es conveniente que los padres obtengan información sobre sus preferencias para poder preparar su futura habitación, elegir los juguetes y la ropa a su gusto.

Paciencia, amor y firmeza a partes iguales

* Procure crear una relación de confianza con el niño o la niña desde el primer día. Durante las primeras semanas intente no permanecer muchas horas alejado de su presencia. La atención constante a sus necesidades y la rápida respuesta a sus inquietudes promoverán una relación de confianza.
* Sea paciente y respete su ritmo. La adopción no elimina de golpe las huellas de un pasado diferente. Estos niños no han contado con las condiciones para aprender y avanzar al ritmo de los demás, por lo que necesitan más tiempo para adaptarse a su nueva vida o para aprender a manejar situaciones desconocidas.
* En los momentos de tensión o cuando se enfrente a las reacciones negativas del menor, tenga siempre presente que estas conductas no se deben interpretar como una cuestión personal contra usted, sino como las consecuencias del cambio de vida o de lo ocurrido antes de ser adoptado.
* Sea especialmente tolerante si el niño o niña tiene más de cinco años. A partir de esa edad las experiencias y recuerdos son mayores, y gran parte de la rabia y el dolor sentido por las pérdidas y las separaciones se dirigirán hacia los padres adoptivos.
* Los primeros días no agobie al pequeño con reuniones o visitas a familiares y amigos. Háblele sobre las personas que conocerá en pocas semanas, y haga que éstas entren en su vida poco a poco para que el niño se vaya sintiendo más seguro, menos confuso y asustadizo.
* En muchos casos, la ausencia de vínculos afectivos previos origina en algunos niños conductas conflictivas que tienen como origen una profunda tristeza. Para prevenir estos comportamientos y afianzar el vínculo parental, es conveniente no enviar a los pequeños a la guardería o al colegio nada más llegar a su nuevo hogar.
* Es habitual que los padres, impresionados por las duras condiciones de vida que han marcado a los menores que adoptan, prefieran consentir todas sus peticiones y no poner límites. Esta actitud de compensación, aunque natural y comprensible, no es la mejor para el menor. Los progenitores deben hacer entender al niño que son ellos quienes tienen la autoridad , así como las consecuencias que acarrea saltarse las reglas. Esto le ayudará a establecer comportamientos adecuados desde el primer momento dentro y fuera de la familia.
* Dosifique los estímulos que recibe el menor. Un exceso puede desembocar tanto en una sobreexcitación como en la inhibición frente a lo que se le ofrece. Tenga en cuenta que estos niños se han movido en entornos muy limitados, y todo es nuevo para ellos.
* Ayude al pequeño a expresar lo que siente y piensa. No dude en conversar con él de forma natural sobre su adopción. Una actitud de escucha y comprensión irá fortaleciendo los vínculos de afecto
* No se preocupe si el niño muestra al comienzo una mayor sintonía con uno de los padres y tiene dificultad de relacionarse con el otro. Es probable que esta diferencia se deba a que en el hogar u orfanato de procedencia el menor sólo tuvo cuidadores o únicamente cuidadoras.
* Los problemas de idioma se resuelven con un poco de atención e interés para establecer un código de comunicación con el niño, y detectar cuándo le ocurre algo, qué quiere, qué es aquello que le gusta y cuáles son sus temores.

Uno de cada cuatro niños procedentes de la adopción internac ional sufren problemas de salud

Una vida pasada siempre presente

* Estar al tanto de los antecedentes del pequeño le permitirá entender y afrontar con mayor garantía los posibles retrasos y trastornos de convivencia y adaptación que puedan aparecer. La edad del niño, su etnia, características físicas, nivel de escolarización o una posible historia previa de abusos y/o negligencia repercuten en su forma de percibir la realidad, su desarrollo y convivencia.
* No pierda de vista que en la historia personal de su hijo siempre hay un abandono, y que la familia biológica ocupará inevitablemente un lugar real o imaginario que recordará, revivirá o fantaseará en muchas ocasiones.
* No dude en aceptar el derecho del pequeño a saber todo cuanto sea posible sobre su adopción y su vida anterior. Intente contestar a sus preguntas, aunque la información que tenga sea escasa.
* Sea cual sea la edad del niño, permítale que lleve consigo objetos personales de su pasado: le serán de utilidad para calmar la angustia ante el cambio. El pequeño necesita ese punto de partida conocido para poder iniciar una nueva vida. Con el paso del tiempo, y de forma gradual, se irá separando de ellos con naturalidad.

Los padres también se adaptan

* No dude en cuidarse también usted. La situación emocional del niño, unida al hecho de que los padres adoptivos deben enfrentarse a cuestiones más complejas de las que han de superar en condiciones normales los padres biológicos puede ocasionar problemas de fatiga, estrés e, incluso, depresión.
* Consulte con un especialista si tras un año de convivencia el pequeño sigue mostrando signos de inadaptación o alguna conducta extraña. Puede tratar de ponerse en contacto con alguna de las numerosas asociaciones de padres con hijos adoptados, en ellas puede intercambiar experiencias y opiniones. Las administraciones también cuentan con servicios de apoyo para los padres adoptivos.

Un niño sano y feliz

* Según datos de la Guía para pediatras de la Coordinadora en Defensa de la Adopción y el Acogimiento (CORA), la cuarta parte de los niños que llegan a España procedentes de la adopción internacional presentan problemas de salud, la mayor parte curables de manera sencilla. Entre las más frecuentes están el retraso leve en el desarrollo de peso y talla, la anemia, problemas dermatológicos, problemas de alimentación o en el sueño, carencia de vacunas o infestaciones por parásitos.
* La detección rápida de cualquier patología que pueda sufrir el menor es determinante para su cura. Para ello es necesario que se le realice una evaluación médica en los tres primeros días de su llegada a su nuevo hogar.
* Debe saber que el fracaso en la identificación e intervención precoz de los problemas de salud (entre un 20-30% de los niños presenta problemas médicos serios, y en casi la mitad de los casos no fueron reconocidos o sospechados antes de la adopción) no sólo puede afectar a la calidad de vida de estos niños y niñas en el futuro desarrollo físico, emocional e intelectual, sino que también puede conducir a incrementar las dificultades de adaptación e integración en la nueva unidad familiar, originando con ello el fracaso de la adopción.
* Los problemas médicos más importantes de los niños adoptados fuera de nuestras fronteras son los psicológicos y el retraso psicomotor, conocido también como "síndrome del orfanato".
* También son frecuentes los casos de estrabismo, asociados al crecimiento de los niños en entornos muy pequeños y como consecuencia de no haber salido al exterior de manera continuada.
* Otros problemas muy habituales son las infecciones respiratorias provocadas por una ventilación insuficiente y una mala alimentación.






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miércoles, 4 de marzo de 2009

Los niños ignorados de China. Morning Tears, artículo de La Vanguardia.




En China hay unos 600.000 niños que necesitan ayuda urgente, según un estudio del Ministerio de Justicia. Se trata de los hijos de criminales que han sido ejecutados o cumplen una larga condena en la cárcel. Son los últimos de la fila para la sociedad china. Una situación que el Gobierno empieza a paliar.
La ignorancia sobre este colectivo de niños y niñas es la norma imperante en China. "El principal problema es el pensamiento de los chinos. Las familias y los adultos, en general, piensan que si los padres son criminales, los hijos también lo serán y, por tanto, hay que tratarlos con dureza", dice Guo Jianhua, director y fundador del centro de acogida de menores Dongzhou Village, situado a unos 60 kilómetros de la histórica ciudad de Xian. "Además, no hay legislación acerca de qué pasa con los hijos de criminales ejecutados", añade Guo. Estos niños no sólo carecen de derechos fundamentales, como la educación o la sanidad, sino que además sufren el rechazo de toda su familia. Son estigmatizados por una sociedad tradicional y se ven condenados a una vida de abandono y repulsión.

El centro de Dongzhou Village nació en el año 1996 a partir del empeño de Guo Jianhua. "Lo que me llevó a crear este centrro de recogida de menores no fue otra cosa que la reacción a como fueron tratados mis hijos mientras yo estuve en la cárcel", explica Guo. Y es que este hombre de 72 años fue víctima de la revolución cultural y permaneció encarcelado durante nueve largos años.

A lo largo de los doce años que lleva abierto este centro situado al norte de Xian, Guo Jianhua ha logrado ayudar a 228 niños, de más de diez provincias chinas. Actualmente viven en el centro de recogida 48 menores, pertenecientes en su mayoría al nivel más bajo de la sociedad china.

El presupuesto con que cuentan es bastante ajustado. Se mantiene con ayudas del gobierno nacional, a partir del 2004, y de varios países, incluida España. La ayuda gubernamental ascendió en el 2008 a 150.000 yuanes (equivalentes a unos 16.700 euros al cambio actual). A ello se deben añadir otros 300.000 yuanes (33.400 euros) que aporta la organización no gubernamental Morning Tears . Y la manutención de cada niño es del orden de 6.200 yuanes (690 euros), lo que incluye alimentación, ropa, educación y gastos sanitarios.

Bajo el nombre ficticio de Hua se halla el inquilino más joven de los 48 que viven en el Dongzhou Village. Sólo tiene nueve meses y su futuro es sombrío. Su madre fue condenada a muerte y ejecutada. Su padre también está condenado, pero al ser padre de un bebé le ha sido aplazada la pena. Hua está solo en el mundo. No tiene familia. "Hay gente que quiere adoptarlo, pero hace falta la autorización paterna y si el padre firma es que se desentiende de su hijo y le será aplicada la pena de muerte, así que... no lo hace", explica Koen Sevenants, director general de Morning Tears. Esta organización no gubernamental, con sedes en España, Bélgica y China, inició su labor en 1999. Diez años después, impulsa cuatro proyectos para rehacer la vida de estos niños olvidados.

En muchos casos las familias no quieren hacerse cargo de ellos. "Por una parte, piensan que son una vergüenza para la familia y que al ser hijos de delincuentes, también lo serán y son una verguenza para la familia. Y, por otra parte, no quieren mantenerlos porque respresentan una boca más que alimentar y no tienen dinero", explica Sevenants.

El objetivo de Morning Tears, sin embargo, es que vuelvan a tener una familia. Sus esfuerzos se concentran en el centro de Dongzhou Village, pisos para reagrupar familias, una aldea de niños y la cooperación con el Centro de Prevención y Ayuda a Menores de Xian, el único organismo de este tipo registrado en China.

Su proyecto estrella, sin embargo, es la reagrupación familiar. "Intentamos que, si los padres no viven, algún pariente acepte vivir con estos niños en un piso", explica Sevenants, que añade: "Nosotros pagamos la casa y 600 yuanes" (el sueldo mínimo en Xian). Una iniciativa que ahora no tiene ninguna ayuda.

Pero este proyecto no es de éxito fácil. El primer intento fue un fracaso. Los perjudicados fueron ter hermanos de 10, 7 y 2,5 años. Su padre cumple una larga condena y su madre ejerce la prostitución. Los responsables de Morning Tears fueron a buscar a la madre a Guangdong (sur de China) y facilitaron una primera reunificación. Duró una semana. La madre los abandonó y los hermanos regresaron a la aldea de niños situada al sur de Xian. Hubo un segundo intento. Esta vez duró más tiempo. Pero un día, cuatro meses después, los niños aparecieron solos a la puerta del piso explicando que su madre se había ido....y no ha vuelto.

Otro intento de mantener a los niños con sus familiares se fue al traste debido a las malas intenciones y a la codicia. Xiaoming y Xiaoxia, dos hermanos de 15 y 12 años, lo sufrieron en su propia carne. Sus padres fueron condenados a muerte y ejecutados antes de los Juegos Olímpicos, acusados de tráfico de drogas. Un tío suyo los reclamó. Al principio, todo fueron atenciones y amor. Pero el cariño en poco tiempo se fue convirtiendo en indiferencia, luego violencia y, finalmente, tortura.

La cruel realidad es que este hombre sólo pidió hacerse cargo de los hermanos porque sospechaba que sus padres habían escondido dinero en la casa y quería apoderarse de él. Al final, tras aplicar unos duros maltratos, llegó a la conclusión de que los niños no sabían nada y los abandonó a su suerte.

Tras vivir este calvario, el destino de Xiaoming y su hermana menor, Xiaoxia, les ha llevado a la aldea de niños que Morning Tears tiene al sur de Xian. Allí se quedarán hasta su mayoría de edad.

En esta aldea de los niños es el lugar donde estos menores encuentran la paz. La mayoría de ellos no pueden ser adoptados ni ser dados en acogida porque sus padres están en prisión o desaparecidos. Al cumplir la mayoría de edad, deberán dejar la aldea y enfrentarse a la cruda realidad. No es fácil. Debido a su estigma, nadie les quiere dar un trabajo y alquilar una casa o acceder a la sanidad es una tarea difícil.

En total, Morning Tears intenta rehacer la vida de algo más de cien niños. Una cifra simbólica, frente a los 600.000 menores necesitados de ayuda. Las autoridades chinas han empezado a tomar conciencia. El Gobierno de Pekín impulsa leyes en su favor y ayuda financiera. Algunos ayuntamientos también dan su apoyo económico. "El resto procede de donaciones privadas", dice Sevenants. Como las de las asociaciones españolas Asociación de Familias Adoptantes en China (AFAC), que en el año 2008 hizo una donación para construir un centro en la provincia de Henan, y Familias Adoptantes de Murcia (Famur).
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viernes, 19 de diciembre de 2008

La cigüeña aterriza en Barajas






La ‘cigüeña’ aterriza en Barajas
Artículo de Francisco Abel Pablos Jiménez
Vía: Listas AFAC.


Era sábado, sobre el mediodía, yo me encontraba en la Terminal 2 del aeropuerto para encontrarme con una amiga, que venía de paso desde su tierra para coger otro vuelo en busca de sus merecidas vacaciones, y como la mayoría de la gente que nos encontrábamos por allí, estaba pendiente de pantallas donde se avisa de la llegada de los distintos vuelos y de los anuncios de megafonía, atendiendo a lo que era mi interés en ese momento, que era encontrarme con mi amiga, y algo me llamó la atención.
Me fije en un grupo de unas veinte personas que estaban colocadas frente a la cinta que hace a modo de pasillo para los pasajeros que vienen de recoger sus equipajes, justo enfrente de las puertas automáticas que permiten una rápida visión cuando se abren, de la sala donde se encuentran las cintas transportadoras de equipajes, cuando un vuelo termina. Era un grupo extraño, portaban globos de colores, cámaras de foto y videos, que utilizaban en todo momento a modo de prueba, creo, era un grupo heterogéneo gente mayor, aproximadamente de unos 70 u 80, años y gente joven entre veinte y treinta, pero todos alborotaban de forma contenida, parecía que esperaban a alguien importante, ¡y tanto!.
Me encontraba yo justo situado al final del pasillo formado por la pared y la cinta que refiero antes, justo donde se apostan las personas esas con los cartelitos con tu nombre cuando te van a buscar al aeropuerto, si eres de fuera y de cultura e idiomas distintos, con lo cual yo no tenía la visión esporádica del interior de la sala 6 de llegadas que proporciona la posición del grupo que esperaban ansiosos cuando se abren automáticamente para dar salida a los pasajeros.
Pero ellos sí, y ahí fue cuando comenzó su alboroto y estruendo, habiendo pasado hasta entonces por un grupo de esos que a uno le da por pensar, que están “dando la nota”, casi molestando. Al momento una mujer joven ataviada de manera informal, con vaqueros y un anorak, portaba un carro con maletas, pero estaba claro que no era una diva del mundo de la farándula, la diva venía detrás. En ese momento el grupo estaba exultante, gritaban y aplaudían, gritaban y lloraban, todo al tiempo, para entonces, ya habían captado la atención de todos los presentes y cercanos viajeros y demás. Justo detrás de la mujer joven que no era la diva, apareció un hombre joven también normal como la mujer que le precedía y que ya abrazaba a varios miembros del grupo y se besaban y lloraban, como digo el hombre con un porte decidido llevaba en sus brazos a una niña de un año de edad de raza negra, y a fe mía que es la niña de esa raza más bonita que he visto en mi vida.
En ese instante creo que todos los presentes ajenos a ese grupo numeroso que seguían gritando su alegría, llorando por la emoción y aplaudiendo y gritándoles a la pareja que llegaba enhorabuenas, entendimos la situación que nos era ajena hasta entonces, porque nadie tiene el corazón tan duro como para no emocionarse con esa escena.
Vi a la mujer joven recién llegada abrazarse a su padre entre sollozos diciéndole ¡Papaaaa! Y el hombre también lloraba cuando se fundía en el abrazo, una joven del grupo grababa la escena, sosteniendo a duras penas la cámara, y llorando casi con espasmos por la emoción, llevándose la otra mano a la boca, y su cara cubierta por lágrimas abundantes.
La abuela de la niña, andaba de un lado a otro, dándole gracias a Dios, agarrándose la cara envuelta en lágrimas, mientras era abrazada por varios miembros del feliz grupo, todos estaban emocionados, contentos, exultantes de felicidad.
Se trataba de una joven pareja, que venían felizmente de culminar su adopción internacional de su linda hija Sophie, es lo único que se de ese grupo, el nombre lo oí en varias ocasiones allí, pero por lo demás no quise preguntar, no tenia porque hacerlo, era un momento íntimo y familiar, solo me limité a observar, lo que pude, porque tuve que contenerme para no llorar también, lo que no conseguí con mis lagrimas que rebeldes y desobedientes me decían que estaban muy contentas de lo que observaban mis ojos.
Para entonces todos decían, “es preciosa”, “que bonita es!”, y estoy de acuerdo con ellos, todos le hacían carantoñas, le prodigaban besos y Sophie, solo miraba, con sus grandes, con los labios característicos de su genética, ¡Dios!, si que era bonita!, uno la imagina de modelo para los angelitos negros de Machín.
Pero no pregunté, no debía, mi cámara estaba en mi bolsillo y allí se quedó, no quise romper el momento familiar que allí se vivía. El padre comentaba a la niña, a su hija, “¿Qué te dicen, mi niña, que te dicen todos estos?”, creo que el idioma español le era extraño o no muy conocido.
Y fue cuando ya no pude menos, soy humano, y casi con lágrimas en los ojos llamé la atención de la madre tocándole el brazo y le dije “enhorabuena”, contestándome ella con un “gracias”, emocionado.
Sophie, “vino al mundo”, al “primer mundo”, el sábado día 22 de noviembre, en un “parto sin nada de dolor”, pero con mucho amor y ternura, estoy seguro que como el que le espera en su vida, el que le van a dar esos valientes padres cuyo honor y entrega a su paternidad está ya más que demostrada, durante el proceso que les supongo que han pasado.
En este caso, la niña vino por vía aérea, como siempre, y aterrizando en Barajas, pero en un vuelo internacional, desde algún lugar lejano.
Sophie, enhorabuena y felicidades, para ti y para tus papás, y gracias por habernos regalado uno de los momentos más emotivos que se puedan imaginar, que es la capacidad de llorar sin control por los buenos momentos de la raza humana.





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lunes, 15 de septiembre de 2008

Un reportaje sobre adopción

En el número de verano (julio-agosto) de la revista Consumer que edita el grupo Eroski, apareció un reportaje que trataba sobre la nueva Ley de Adopción Internacional. Me parece que está bien tratado, sin los tópicos de siempre, y que ofrece una información, si bien escasa, muy clara. 
He escaneado la revista. Podéis descargaros las imágenes (botón derecho, guardar como) o simplemente pinchar en ellas para hacer la imagen más grande.





miércoles, 25 de junio de 2008

La niña de la pelota de baloncesto

Hace unas semanas recibí esta presentación que me impresionó vivamente.



Después me llegó esta noticia, que es esperanzadora a más no poder. Habla de superación, de fuerza, de optimismo. Habla de ver la botella medio llena y de encontrar la aguja en el pajar. Esta niña se merece un abrazo enorme que me encantaría darle desde aquí. ¡Bravo!

La noticia (en inglés):
http://www.chinadaily.com.cn/olympics/2008-06/06/content_6742609.htm

Versión traducida por Google: http://translate.google.es/translate?u=http%3A%2F%2Fwww.chinadaily.com.cn%2Folympics%2F2008-06%2F06%2Fcontent_6742609.htm&sl=en&tl=es&hl=es&ie=UTF-8




viernes, 20 de junio de 2008

Chinatown en Madrid

En la edición digital del diario El Mundo, podéis encontrar un vídeo sobre lo que se ha dado en llamar el Chinatown de Madrid. Al pie os dejo el enlace.

Usera, Chinatown

5 de junio

Miles de ciudadanos chinos viven en Usera, uno de los barrios más humildes de Madrid. En la calle Dolores Barranco y en las vías aledañas han establecido su particular Chinatown. Allí disponen de tiendas de comida, peluquerías, gestorías, agencias de viajes, tiendas de telefonía o cibercafés cuyo 'target' es el público chino. Los vecinos de toda la vida se dividen entre los que aceptan su llegada y los que piensan que se están haciendo dueños del barrio.



http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/04/elmovildebobby/1212601306.html

(Gracias a mi "cuñado" FJ. Sabes que te quiero.)

Y ahora mi opinión (porque si no, esto no sería mi blog). En primer lugar, decir que no me gusta demasiado el tono en el que está hecho el reportaje. Demasiada pregunta con la respuesta implícita.
Cosas que me han llamado la atención: la señora que dice que los chinos son poco sociables, que es algo que me dice mucha gente. Un comentario muy típico es ese de que entras en sus tiendas y hablan chino entre ellos, y claro "a saber qué estarán diciendo". ¡Anda! ¡Qué cosas! Si es de todo el mundo sabido que cuando los españoles vamos a Londres o a Nueva York hablamos entre nosotros en inglés! Pero los chinos no, los chinos tienen que venir aquí, establecer un negocio, trabajar como hormiguitas y además tienen que hablar entre ellos en castellano de Valladolid, para que nos enteremos de todo lo que dicen.
El hostelero que dice que entran a utilizar el baño y son maleducados. Y chinos. Porque si no he visitado yo aseos en bares y cafeterías, sobre todo con las niñas, sin haber pedido ni un triste botellín de agua, que baje Dios y lo vea. Y seguro que no soy la única. Pero ah! yo no soy extranjera, así que parece ser que estoy disculpada. Que yo sepa no está prohibido entrar en un local de esos y no consumir. Y el aseo es público. Si no quieren que lo utilice nadie que no consuma, que se gasten la tela en instalar un sistema como el que vi en el Starbucks de las Ramblas. Aunque señor mío, no sé si tendrá detector de chinos.
Y por fin, el último chico, que habla de la inseguridad de la zona y dice que si es insegura por la noche y que hay mucho sudamericano y mucho moro. Sorprendente. O no tanto, porque no hace mucho que un familiar mío que estuvo estudiando y trabajando en Londres decía que su barrio estaba lleno de pakistaníes e hindúes, como si ellos fueran inmigrantes de otra categoría inferior. Inferior a limpiar habitaciones de hotel, cuidado, no os penséis que esta persona estaba allí de ingeniero nuclear.

Ahora me voy a tomar un antiácido, porque la ironía se ha tornado en bilis y no quiero que me salga una úlcera de estómago :-))

Sé que sois muchos los que leéis, animaos a escribir y dejadme vuestra opinión sobre el vídeo.

lunes, 26 de mayo de 2008

Noticia sobre adopciones en China

Decenas de miles de familias de China quieren adoptar a huérfanos del terremoto



Decenas de miles de familias de toda China han colapsado a las autoridades de Asuntos Civiles con llamadas para pedir la adopción de niños que quedaron huérfanos por el terremoto en la
provincia de Sichuán, que ya ha causado más de 55.000 víctimas mortales, decenas de miles heridas y dejado sin hogar a más de 4,8 millones de personas.

Según informa la agencia oficial Xinhua, hasta ahora el número de los niños que han quedado huérfanos es relativamente bajo en relación con la cifra de muertes total. Pero el número de candidatos a padres es enorme: en la última semana, después de que se hayan recibido miles de
donaciones de dinero y suministros humanitarios, los chinos han puesto su atención en los huérfanos.


'Nuestro departamento tuvo que responder diariamente hasta 2.000 llamadas de todo el país hechas para solicitar la adopción de huérfanos', explicó Ye Lu, director de la Sección de Bienestar Social del Departamento de Asuntos Civiles de Sichuán.


Ye señaló que 'algunos incluso llamaron a las líneas telefónicas especiales a las cuatro de la madrugada' y que otros muchos 'acuden en persona a nuestra oficina todos los días'.


Las autoridades locales han identificado a al menos 70 huérfanos y a más de 4.000 niños sin hogar cuyos padres aún no han sido localizados, por lo que por ahora han sido acogidos en instituciones de atención social en diversas ciudades.


A pesar de todo, el Gobierno anunció que por el momento no empezará a buscar a nuevas familias adoptivas porque que la ayuda por desastre sigue siendo la máxima prioridad de las autoridades, informa Xinhua.


Sólo en Beijing, más de 3.000 ciudadanos han expresado interés en adoptar, indicó Wu Shimin, director del Buró Municipal de Asuntos Civiles de la capital, quien afirmó que las autoridades locales ofrecerán subvenciones a las familias que adopten a huérfanos del terremoto. 'Como la capital del país, Beijing hará sus máximos esfuerzos al respecto', dijo.


El terremoto de 1976 en Tangshan, que alcanzo una magnitud de 7,8 grados en la escala de Richter, dejó a más de 4.200 niños sin hogar, y cerca de tres cuartas partes de ellos fueron adoptados. El resto fueron acogidos en internados públicos o empresas gubernamentales.


Terra Actualidad - Europa Press

(Gracias María)


ACTUALIZACION (31.5.08)

Noticia en un diario digital chino:
http://spanish.peopledaily.com.cn/31621/6421838.html




jueves, 22 de mayo de 2008

Una noticia preciosa

Entre todas las noticias que llegan de China tras el terremoto, ésta me ha llegado profundamente al corazón.
El final del vídeo es absolutamente emocionante, con la mujer llorando mientras da el pecho a uno de los bebés huérfanos.
No tengo palabras. Simplemente, vedlo.

sábado, 17 de mayo de 2008

Noticias

Todos los periódicos, noticiarios televisivos y radiofónicos, hacen los últimos días mención a la situación en China. No tanto como sería de esperar, cierto es, dada la magnitud de la tragedia.

En la radio, da igual la emisora, el saldo de muertos y desaparecidos se desgrana en treinta segundos, para pasar a la sección deportiva, donde se hablará al menos durante dos minutos, con declaraciones incluídas, de si Raúl va a la Eurocopa o del último resultado de los Lakers de Gasol.

En las primeras páginas de los diarios hay una fotografía de algún montón de escombros, o tal vez de un militar chino ayudando a un superviviente a salir de debajo de lo que un día fue su casa. A veces ni eso. La foto más publicada hoy es la de un ertzaina junto a un guardia civil en el homenaje al guardia civil muerto en el último atentado. Junto a ella, en alguna estrecha columna aparece una cifra. 8.000, 12.500, 19.000... Cada uno de los números a que hace relación esa cifra es una vida. Un ser humano. Alguien que antes del terremoto tenía su familia, sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos. Hoy él no está y posiblemente parte de esas personas tampoco. Pero lo reducimos a una cifra y pasamos a otra cosa. ¿Qué ponen esta noche en televisión?

Voy a confesaros algo. Apenas estoy siguiendo las noticias sobre el terremoto. Leo las noticias oficiales chinas aquí y aquí. Pero no he visto ninguna galería fotográfica en ningún medio digital, y apenas he visto imágenes en televisión. Soy cobarde. No puedo. Hay imágenes que me impactan tanto que no prefiero no ver. No quiero ni puedo enfrentarme a personas llorando, imágenes de cadáveres, caos y destrucción. Aún recuerdo claramente un reportaje sobre la ablación que pusieron en las noticias de Telecinco hará como seis años. Tengo grabado en mi mente el grito de dolor de aquella niña de cuatro o cinco añitos cuando fue víctima de esa terrible tradición. Me estremezco al recordarlo. Por la misma razón, no quiero ni puedo ver esas imágenes. Porque China me duele, mucho más de lo que estoy dispuesta a reconocer, y en estos momentos China sufre, y grita, y llora. Y tengo suficiente con saberlo.

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Os recuerdo que hay asociaciones en España que están recaudando fondos para enviar ayuda a China, a los orfanatos que han sufrido daños y a los niños que han quedado huérfanos. Podéis hacer vuestra aportación en los números de cuenta que he puesto al principio de la página. Gracias.

miércoles, 16 de abril de 2008

"Mi dulce hada"

Mi amiga Isa me ha enviado el enlace a un artículo de La Vanguardia, escrito por Pilar Rahola. No es el primer artículo que leo de Pilar sobre este tema. El hecho de ser madre adoptiva le hace escribir con una sensibilidad increíble sobre un tema que la mayoría de "periodistas" trivializan por desconocimiento, reduciéndolo a un montón de tópicos.

Recuerdo sobre todo una frase de un artículo de Pilar Rahola, que se me quedó grabada. Luego, mis amigos María y FJ la utilizarían como descripción para el blog de su viaje a China: "Conseguimos vencer el miedo y ganar la batalla de la felicidad. Ella puso todo. Nosotros pusimos lo que pudimos. Y, por el camino, el amor nos entrelazó para siempre".

Este es el texto del artículo.

MI DULCE HADA

Los padres, esos sufrientes eternos, esos locos que hacen horas extras, incluso cuando los hijos ya llevan barba y se pagan un plan de pensiones. Viendo a mi madre, que me riñe cuando salgo a la calle sin suficiente abrigo, o almuerzo mal, creo entender lo que es la maternidad. O la paternidad, tanto monta, si se ejerce activa y responsablemente. Debe ser eso, un amor terrenal, arraigado en lo más primitivo y, por ende, en lo más auténtico. Para mí, que acumulo la intensidad de tres hijos queridos, aún es un interrogante.

¿Qué fuerza interna nos transforma hasta el punto de hacer por ellos aquello que no haríamos por nadie? De ese interrogante nace el misterio más fascinante de la vida. Sentimos amor, pero también fuerza, seguridad, riesgo, miedo, instinto, quizás rabia, y así hasta el infinito, en el infinito diccionario de ser padres. Quizás la escritora que mejor ha resumido ese caudal de emociones y enigmas ha sido Amy Tan, cuya Hija del curandero es una pequeña obra de arte. De ella, cuyo viaje a China fue, a la vez, un viaje iniciático al interior de su propia madre, recuerdo dos citas extraordinarias. "Una madre es alguien a quien las cosas de su hijo le importan tanto como a él". Y una brutal: "Las palabras más aborrecibles que he dicho en mi vida a otro ser humano se las dije a mi madre". Alguien que lea estas reflexiones me recordará que es lógica la intensidad sentimental entre padres e hijos, no en vano hablamos de una relación que es carne de la propia carne, pero eso tampoco no es exacto. Ni la genética, ni la memoria de generaciones inciden realmente en la naturaleza de la maternidad o la paternidad, sino algo más sutil, más indefinible, quizás más grandioso.

Perdonen que narre una de mis experiencias más intensas, en la adopción de mi hija pequeña, en Siberia. Era el primer viaje, de los tres que tuvimos que hacer para adoptar a Ada. Habíamos estado en una ciudad perdida de los Urales durante días, esperando noticias. Cuando llegaron, supimos que Ada estaba a 400 km, hacia Kazajistán, en un hospital (curándose de una neumonía, la enésima enfermedad que padeció en sus pocos meses de vida), y que quizás no la veríamos. Hasta el día siguiente no tuvimos permiso para visitarla, y estuvimos con ella cinco minutos. Cinco minutos de una niña que no nos miró, que no tocó el muñeco de peluche que le habíamos llevado, testigo roto de nuestro miedo y nuestro deseo… una niña que sólo tuvo interés en el dedo que se chupaba incansablemente. Era la niña más triste, la más frágil y, a pesar de todo, una superviviente. Al salir del hospital, mi marido, un navarro de volumen de tirador de piedras, se puso a llorar. Sus palabras acompañarán siempre el recuerdo de aquel momento: "No sé cómo pasó, no sé por qué, pero me siento su padre. Nadie me la podría quitar". Cinco minutos, la mirada de una niña que sólo sabía mirar hacia dentro, y ese hombre seguro de sí mismo se convirtió en un padre asustado, desconcertado, emocionado y capaz de luchar contra los elementos. Nunca más ha dejado de ser ese padre. ¿Dónde está el milagro? ¿Dónde el enigma?

Abierta suavemente la puerta del comedor de mi casa, permítanme que ahonde un poco más, con la esperanza de que la anécdota personal sirva para el retrato global. Mi hija Ada tiene, hoy, siete espléndidos años. De ser una niña que no miraba al mundo, hoy lo devora con sus bellos ojos almendrados. De no hablar, es una pequeña cotorra que relata sus afanes diarios, con una infatigable intensidad. De vivir en la tristeza, hoy rebosa una alegría que contamina las comisuras de nuestros ajetreados días. De no tener opción, las tiene todas y todas quiere vencerlas. Cuando la contemplo, en su habitación repleta de caballos alados, hadas preciosas y bellas princesas de cuentos, en su mundo hermoso, me veo capaz de saber lo que es la felicidad. Y quizás, por unos momentos, vislumbro lo que mi marido, creyente, llama Dios. El enigma de la vida está ahí, en ese cuerpecito frágil que concentra, como un imán indómito, toda nuestra capacidad de sufrir y de amar. Indescifrable misterio. Maravillosa emoción.
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