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lunes, 24 de mayo de 2010

La gallina Catalina



Hoy quiero dejaros este cuento tan bonito. Yo no lo tengo, pero lo he leído porque lo trajo Andrea de la biblioteca del cole, y me parece tan tierno! Se publicó en 2002 y ya está descatalogado y agotado.

Fina me mandó esta presentación así que me parece una forma estupenda de compartirlo con todos los que esperamos.

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miércoles, 18 de marzo de 2009

El príncipe feliz, un cuento de Oscar Wilde





En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.

Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.

-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.

Y realmente no lo era.

-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.

-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.

-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?

-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.

Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.




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(Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.


Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.


-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.


Y el Junco le hizo un profundo saludo.


Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.


Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.


-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.


Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.


Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.


Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.


-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.


Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.


-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.


-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.


Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.


-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!


Y la Golondrina se fue.


Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.


-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.


Entonces divisó la estatua sobre la columnita.


-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.


Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.


-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.


Y se dispuso a dormir.


Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.


-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.


Entonces cayó una nueva gota.


-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.


Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.


La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!


Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.


Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.


-¿Quién sois? -dijo.


-Soy el Príncipe Feliz.


-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.


-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.


«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.


-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.


-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.


-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!


-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.


Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.


-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.


-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.


Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.


Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.


Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.


Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.


-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!


-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!


Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.


Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.


La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.


-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.


Y cayó en un delicioso sueño.


Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.


-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.


Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.


Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.


-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!


Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.


Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...


-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.


Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.


Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.


Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:


-¡Qué extranjera más distinguida!


Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.


-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.


-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?


-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.


-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.


-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?


-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.


-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.


Y se puso a llorar.


-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.


Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.


El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.


-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.


Y parecía completamente feliz.


Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.


Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.


-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.


-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.


Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.


-He venido para deciros adiós -le dijo.


-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?


-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.


-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.


-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.


-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.


Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.


Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.


-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.


Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.


- Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.


-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.


-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.


Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.


Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.


-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.


Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.


Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.


Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.


-¡Qué hambre tenemos! -decían.


-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.


Y se alejaron bajo la lluvia.


Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.


-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.


Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.


Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.


-¡Ya tenemos pan! -gritaban.


Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.


Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.


Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.


La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.


Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.


Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.


-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.


-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.


-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?


Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.


En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.


El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.


A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.


Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.


-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!


-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.


Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.


-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.


-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.


-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.


Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.


Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.


-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.


Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.


-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.


-O la mía -dijo cada uno de los concejales.


Y acabaron disputando.


-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.


Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.


-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.


Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.


-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.)


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viernes, 30 de enero de 2009

Terminado el cuento entre diez





El proyecto del cuento entre diez que me propuso mi amiga Moa ya ha terminado. Podéis leer el cuento entero en este blog.
¡Me ha gustado mucho participar en este relato!
CONTENIDO OCULTO


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sábado, 20 de diciembre de 2008

Un cuento entre diez




 Mi amiga Moa me ha encomendado continuar este cuento. Me encanta el reto, y lo acepto de mil amores. Eso si, quiero mi parte de los royalties, jejeje...
1.Antes de comenzar el cuento debes poner un número delante, para saber que número te ha tocado. Por ejemplo: 1. El niño andaba por la calle.
2.El numero 10 tendrá que elaborar el final del cuento y dejar el resultado en el blog de Eva o en el de d'AkTuAl
3.Copiad todas las normas y el cuento en vuestro blog antes de seguir con el cuento.
4.Escribid el número de versos, estrofas que queráis.
5.Poned la dirección de vuestro blog.

Aquí el cuento:

1:Desde el otro lado de la pantalla:1.Jesús se iba de excursión al campo, y como quería tanto a Arturo se lo llevó con el. Cuándo se aseguró de que llevaba todo subió al autobús.

2:Mira para aquí:En el autobús se sentó al lado de Arturo y los dos muy contentos sin saber nada de que iban a emprender una nueva aventura que marcaría su vida para siempre.Al bajarse del autobús y deshacer la maleta fueron a explorar por el bosque.Después de una larga caminata se encontraron perdidos en medio del bosque...

3:Gominolas Azules: Los dos amigos estaban muy desorientados, ya que era su primera excursión juntos, y para no perder la calma buscaron una sitio donde dormir y comer, ya que eran ya altas horas de invierno y hacia bastante frío.



4:d'AkTuAl:Encontraron un pequeño rincón resguardado, se acomodaron con algunas hojas y arbustos para intentar evitar la humedad y el frío de la noche, Jesús se encargó de que Arturo, no tuviera ninguna molestia, ya que Arturo era muy frágil, y estaba muy asustado. Se decidió esperar a que amaneciera y con el primer rayo de luz, emprender de nuevo su búsqueda. Empezaban a entrar en calor…. Cuando de repente….


5: Diario de una mujer actual: Sintieron que no estaban solos en ese paraje, se levantaron con cuidado de no hacer mucho ruido, recogieron sus cosas y se adentraron en el bosque para intentar saber de donde venían aquellos ruidos.... Después de más de media hora de caminata, desde lo alto de un acantilado, vieron una hermosa playa, con unos casetas de pajas y un grupo de chicos y chicas de su misma edad.... En ese momento, sin pensarlo dos veces, decidieron.....

6. Persiguiendo una ilusión: acercarse a aquellos niños; debían de ser sus compañeros. ¡TENÍAN que ser ellos! Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que llevar a cabo aquel plan no iba a ser tan fácil. Estaban en lo alto de una roca que descendía prácticamente en vertical sobre el mar. Aunque consiguieran descenderla, ayudándose por la poca vegetación existente en la pared, solo conseguirían llegar al mar, y la orilla quedaba aún lejos. Intentaron seguir el borde de la roca, pero pronto toparon con una densa maraña de ramas que les impedía el paso. Retrocedieron sobre sus pasos. Desesperados, empezaron a gritar pidiendo ayuda. Pero su voz se perdía entre el sonido de la brisa y de las olas rompiendo contra el acantilado. Jesús, con la voz rota y vencido por el desánimo, se sentó dejándose caer, pero entonces...
Debe seguir, con el número 7, mi paisana Maika, desde su "Rincón en el Pais de las Hadas" . Para ti será fácil, es lo que te gusta hacer y además lo haces muy bien.
Besos y ánimo!

Edito. A Maika no le es posible continuar el cuento porque ha cerrado temporalmente su blog. Así que le paso el testigo a Lego, el cincuenta por ciento de Lego y Pulgón. A ver si esta vez acierto. Vamos guapa, que te prodigas muuuy poquito en la blogosfera!

CONTENIDO OCULTO


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viernes, 5 de diciembre de 2008

Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar.





Capítulo 1, Mar Del Norte:
Kengah, es una gaviota con plumas de color de plata.
A ella le encanta ver las banderas de los barcos porque representaban una forma de hablar.
Su grupo pescaba arenques, todas las gaviotas hundían la cabeza y salían con un arenque.
La bandada era dirigida por la gaviota piloto.
Eran 120 gaviotas.
Venían del faro de la arena roja.
La bandada se dirigía a Vizcaya a reunirse con otras bandadas.
Kenghan hundió su cabeza para buscar su 4° arenque, pero de repente sonó la alarma, gritaron, ¡Peligro al estribor!, ¡Despegue de emergencia! Kengah hundió la cabeza por eso no escucho la alarma. Después de eso Kengah sacó la cabeza y se veía sola en la inmensidad del océano.
Capítulo 2, Un Gato Grande, Negro y Gordo:
Zorbas es el gato grande, negro y gordo.
Su familia real le dijo que no saliera del canasto porque vendrían los humanos a adoptarle.
Su amo se iba de vacaciones.
Al amo le encantaba nadar.
Zorbas opinaba que su amo era el mejor.
La historia se desarrolla en el puerto de Hamburgo.
El amo quería ir a Liberia.
Zorbas quería cabezas de pescados para sus hermanos para que no mamaran mas a su madre ya que estaba muy flaca.
Zorbas era el único gato que era negro con un mechón blanco en la barbilla.
El pelícano creía que el gato era una rana venenosa.
El amo le salvo la vida a Zorbas el ahorcó al pelícano y lo soltó.
Ellos se conocían hace 5 años.
En eso se encontró con un pájaro que tenia un gran buche Zorbas iba en el aire el pájaro lo esperaba con el buche abierto, lo trago pero después se libero. Después de eso llega su familia adoptiva.
Capítulo 3, Hamburgo A La Vista:
Kengah tenía los músculos acalambrados por el esfuerzo.
Kengah tenía las alas inmovilizadas, pegadas al cuerpo.
Las gaviotas eran presas fáciles para peces grandes.
O morían lentamente, asfixiadas por el petróleo.
Kengah maldijo a los humanos, pero no a todos.
Kengah paso largas horas posada sobre el agua, preguntándose si se iba a morir con la peor muerte, morirse por hambre.
Desesperada se agito entera, comprobó que el petróleo no le había pegado las alas.
Kengah comprobó que no duraría tanto tiempo volando.
Después Kengah llego ha San Miguel, Hamburgo.
Capítulo 4, El Fin De Un Vuelo:
La gaviota cayo en el balcón, donde vivía Zorbas. El gato miro a la gaviota y la vio muy sucia y apestaba.
Zorbas le daba ideas como para ayudarla a que fuera al zoo.
Pero Kengah decía que no podía ya que era el vuelo final.
Zorbas cuando le paso la lengua por el cuello notó que la respiración de el ave estaba cada vez más débil.
Entonces Zorbas va en busca de ayuda para consultar que se hace con una gaviota enferma.
Kengah le dice que colocara un huevo, con sus ultimas fuerzas.
Kengah le dijo a Zorbas si cumplía tres promesas que le iba a ser, el dijo que si.
1 promesa: No te comerás el huevo.
2 promesa: cuidaras al pollito hasta que nazca.
3 promesa: le enseñarás a volar.
Zorbas le prometía esas promesas.
Zorbas iba a buscar ayuda.
En eso Kengah da su ultimo esfuerzo agradece, y sale el huevo.
Capítulo 5, En Busca De Consejo:
Cuando Zorbas iba llegando al restaurante dos gatos lo vieron pasar, esos gatos molestaban a Zorbas. Zorbas no tenía tiempo sacó una de sus garras se las mostró a esos gatos y lo dejaron en paz.
Zorbas maúllo y espero sentado, en pocos minutos se acercó Secretario, un gato romano muy flaco y con dos bigotes, uno en cada lado.
Zorbas le dijo a Secretario que debía maullar con Colonello, era urgente.
Colonello era un gato de edad indefinible.
Zorbas necesitabas los consejos de Colonello. Ya que era viejo y talentoso.
Zorbas le hablo de la llegada de la gaviota y su estado.
Colonello dijo que lo mejor forma para enseñarle a volar a la gaviota era donde Sabelotodo.
Capítulo 6, Un Lugar Curioso:
Harry era el dueño de el Bazar, el era un viejo lobo marino. Harry tenia un montón de objetos los obtenía porque se dedico a la colección de objetos durante 50 años. Encontró diversos tipos de objetos. Harry tenia 2 mascotas Matías un Chimpancés y un Gato Sabelotodo el se dedicaba a el estudio de libros. Matías, un chimpancé que hacía de boletero y vigilante de seguridad, lo malo es que este bebía cerveza y siempre intentaba de dar cambio de menos.
Matías les decía que tenían que pagar la entrada o si no se largaban, pero Zorbas saltó al otro lado de la boletería.
Zorbas saco sacó una garra de su pata delantera derecha.
Por esta vez Matías lo dejo pasar.
Capítulo 7, Un Gato Que Lo Sabe Todo:
Zorbas y sus amigos estaban allí porque Sabelotodo los podría ayudar ya que era un gato muy sabio.
Enseguida Zorbas le narró la triste historia de la gaviota.
Sabelotodo se le ocurrió una idea busca en la enciclopedia.
Busco en las letras G y P.
Pero desafortunadamente lo que salía sobre las gaviotas no le sirvió mucho.
Y sobre el petróleo tampoco lograron encontrar algo importante.
Ahora sabelotodo busco en la letra Q de quita manchas.
Ahí decía que se limpia la superficie afectada con un paño humedecido en bencina.
Capítulo 8, Zorbas Empieza A Cumplir Lo Prometido:
Los gatos llegaron al balcón donde estaba Zorbas, vieron el cuerpo sin vida de la gaviota al moverla de el lugar descubrieron el huevo blanco con pintitas azules.
Por mientras Sabelotodo le aconsejo a Zorbas calor, calor corporal.
Echarse junto al huevo, pero sin romperlo.
Sus amigos fueron a donde el bazar de Sabelotodo para buscar información sobre el huevo.
Capítulo 9, Una Noche Triste:
Tiraron a la gaviota muerta desde el balcón.
Rápidamente la cubrieron de tierra.
Zorbas y sus amigos sabían poco de ella, Zorbas le prometio a la gaviota las promesas, pero una de las mas difíciles promesas enseñarle a volar.
Ordenaron que Zorbas no abandonase el huevo hasta que nazca el pollito.
Por mientras que los amigos irían a consultar en la enciclopedia de Sabelotodo acerca de el arte de volar.
Los gatos empezaron a maullar, después se agregaron de otros maullidos hasta que todos los gatos y animales gritaran.
Segunda Parte
Capítulo 1, Gato Empollando:
Pasaron días Zorbas paso harta parte de esos días echado junto al huevo, estaba a punto de nacer. Los amigos de Zorbas iban a visitar al huevo para ver si había progresado.
El huevo duraba más o menos de 17 a 30 días al nacer.
Cada mañana Zorbas ocultaba el huevo, porque pasaba la aspiradora.
Después escucho al balcón hay Zorbas rodaba el huevo hasta esconderlo debajo de la cama, ahí espero al humano hasta que terminara.
Mientras Zorbas dormía en el día numero veinte no percibió el huevo que se movía lentamente.
Zorbas despertó y vio que había una grieta en el huevo.
Zorbas tomaba el huevo con las patas delanteras y vio como el pollito picoteaba hasta abrir un agujero.
Capítulo 2, No Es Fácil Ser Mami:
Zorbas era la mamá de el pollito.
El pollito graznó, tengo hambre!, Zorbas no sabía que darle de comer.
Zorbas de la cocina sacó rodando una manzana, el pájaro la probó pero el pico se le dobló.
El pollito tenía hambre, Zorbas le dio un pedazo de papa, pero también se le doblo el pico.
Después de eso Zorbas recordó que los pollitos comen insectos.
Salió al balcón y cogió una mosca y el pollito la tragó y le gustó, quería más.
Zorbas cogió cinco moscas más y una araña.
El pollito devoró las cinco moscas, pero se negó a probar la araña.
Cuando llegaron los amigos de Zorbas, vieron al pollito durmiendo al lado de Zorbas.
Capítulo 3, El Peligro Acecha
Cuando Zorbas escucho la puerta, volcó la maceta y se sentó en ella.
Llegaron los 2 gatos estaban frente al pollito, decían que se ve sabroso, estaban molestando al pollito.
Llego Zorbas en el aire saco las 10 uñas, le aplasto la cabeza a los gatos.
Trataron de levantarse los gatos pero sintieron que en su oreja tenían un arañazo.
Zorbas debía buscar un refugio, después salieron a pasear.
Capítulo 4, El Peligro No Descansa:
En el bazar de Harry, los gatos decidieron que el pollito no podía seguir en el piso de Zorbas, corría muchos riesgos. Como por ejemplo, los dos gatos pero ese no era el peor si no el de el amigo de la familia.
Los gatos decidieron que Zorbas y el pollito vivirían en el bazar de Harry hasta que el pollito aprendiera a volar.
Los gatos acordaron colocarle un nombre al pollito, pero no sabían si era macho o hembra.
Sabelotodo busco en la enciclopedia la letra S buscando la palabra Sexo, pero el libro no decía como reconocer el pollito de gaviota.
Después a los gatos se le ocurrió que donde Barlovento podrían encontrar la solución.
El pollito grito ¡Auxilio! Zorbas fue el primero en llegar, llego a tiempo ya que la rata estaba a punto de tocarla con las manos en el cuello del pollito.
La rata al ver a Zorbas huyó por la grieta abierta en el muro.
Zorbas visito al jefe de las ratas y le dijo que aceptara no comerse al pollito, que lo dejaran en paz..
Capítulo 5, ¿Pollito O Pollita?
Barlovento era mascota de Hannes II, los tripulantes apreciaban a Barlovento, un gato de color miel con los ojos azules.
Rápidamente le contaron la historia de la gaviota y las promesas de Zorbas.
Los gatos le dijeron que solamente tu Barlovento podrás decir si el pollito es macho o hembra.
Al final Barlovento dijo que era una linda pollita.
Colonello propuso que le pusieran Afortunada. Ya que la gaviota ha tenido la fortuna de quedar en protección de los gatos.
Todos estuvieron de acuerdo con el nombre.
Capítulo 6, Afortunada, De Verdad Afortunada:
Sabelotodo buscaba y buscaba el método para que Zorbas le enseñara a volar.
Sabelotodo encontró que volar consistía en empujar el aire hacia atrás y hacia abajo.
Afortunada pregunto: ¿Porque debo volar?
Sabelotodo respondía las gaviotas vuelan, es ¡terrible! Que no sepas que las gaviotas no vuelan.
Afortunada no quería aprender a volar y tampoco quería ser gaviota.
Ella quería ser gato.
Afortunada se acerco en la entrada del bazar y se encontró con Matías.
Matías en una de sus tonterías le dijo que Zorbas y sus amigos están esperando hasta que engordes para que te den un buen festín.
Zorbas encontró a Afortunada y Zorbas le dijo si tenía hambre.
Pero la gaviota no hablo.
Capítulo 7, Aprendiendo A Volar:
Afortunada estaba allí a punto de intentar su primer vuelo.
Afortunada pregunto ¿La gaviotas vuelan en días de tormentas?
Lista de despegue dijo Afortunada.
Entonces empezaron a ver los pasos.
Afortunada batió las alas, se elevo pero de inmediato cayó.
Los gatos bajaron de la estantería y corrieron hacia ella.
Estaba con los ojos llenos de lagrimas.
Le dijeron que el primer vuelo nunca funcionaba.
Capítulo 8, Los Gatos Deciden Romper El Tabú:
Diecisiete veces intento Afortunada el vuelo, y diecisiete veces terminó en el suelo luego de haber conseguido elevarse más.
Zorbas pidió autorización para romper el tabú por primera y ultima vez.
(Maullar el idioma de los humanos es tabú).
Los gatos se preguntaban que como si un humano viera que un gato habla, lo encerrarían en una jaula para someterlo en estúpidas pruebas.
Para los gatos maullar en el idioma de los humanos es un peligro muy grande.
Largas duro la reunión.
Al final los gatos del puerto lo autorizaron a romper el tabú.
Capítulo 9, La Elección Del Humano:
Para los gatos no fue fácil saber con que humano maullaría.
Pensaron en René un chef muy bondadoso y justo, siempre les reservaba un poco de su porción pero René sólo entiende de especias y peroles. Por lo tanto no les servía.
Harry pensaron el era buena persona. Amable con todo el mundo incluso con Matías al que disculpaba de cosas ¡terribles!.
Carlo, el jefe de mozos del restaurante, pero lamentablemente él entiende de fútbol, baloncesto, voleibol, carreras de caballos, boxeo y muchos deportes más. Pero ellos nunca han oído hablar de vuelo.
Y listaron a muchas personas más.
Zorbas propuso otra idea es en la casa de Bubulina.
Ella era una bonita gata blanquinegra que pasaba muchas horas en las macetas de flores en la terraza.
El humano se reía después de leer lo que acababa de escribir.
Zorba eligió al humano de Bubulina porque se inspiraba con lo que ha oído leer el humano escribía hermosas palabras que alegran o entristecen.
Capítulo 10, Una Gata, Un Gato Y Un Poeta:
Zorbas llego a la casa de Bubulina, ella se alarmo, Zorba le dijo, que debía maullar con el humano de Bubulina ( eso es tabú) .
Zorbas esperaba al humano sentado en el sillón, el humano cantó , pero Zorbas le dijo que cantaba muy mal, el humano abrió la boca porque Zorbas habló en el idioma de lo humanos, el humano se volvió muy loco en un principio y no lo podía creer. Zorbas hablaba en distintos idiomas, el humano se asombro mucho mas.
Zorbas le pidió ayuda al humano esta misma noche, ellos se iban a juntar en la puerta del bazar después de eso el gato grande, negro y gordo corrió a informar a sus compañeros.
Capítulo 11, El Vuelo:
Ellos estaban frente a un edificio alto.
Desde el campanario de San Miguel se veía toda la ciudad.
Debajo de el campanario habían autos pasando.
Afortunada tenia miedo al volar, afortunada estaba en la baranda.
Afortunada le dijo a Zorbas Nuca te olvidare, ni a los otros gatos.
Afortunada desapareció de la vista el humano y el gato temieron lo peor, había ciado como una piedra.
La vieron batiendo las alas, sobrevolando el parque de estacionamiento.
Afortunada volaba solitaria en la noche hamburgueña. Se alejaba batiendo energica las alas hasta elevarse sobre las grúas del puerto.
Afortunada dijo Vuelo Zorbas Vuelo puedo Volar.
Zorbas permaneció allí contemplándola hasta que no supo si fueron las gotas de lluvia o las lagrimas las que empeñaron sus ojos amarillos de gato grande, negro y gordo, de gato bueno, de gato noble, de gato de puerto.

Luis Sepúlveda


http://html.rincondelvago.com/historia-de-una-gaviota-y-del-gato-que-le-enseno-a-volar_luis-sepulveda.html


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lunes, 24 de noviembre de 2008

Walt Whitman






No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario, No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
Walt Whitman.





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