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jueves, 21 de julio de 2011

Son sueños

Llevo una temporada manteniendo una actividad onírica frenética. ¡Sueño todas las noches! Normalmente son sueños sin trascendencia ninguna, tonterías, ya sabéis, ese que te subes a un autobús y te pasas la parada, o el de que te vas de viaje y cuando estás ya en el aeropuerto te das cuenta de que te has olvidado el pasaporte, o de que llevas la maleta llena de jerseis (gracias señorita Elena) cuando te vas a la playa... o uno de mis clásicos, ese que me caigo de una torre altísima que de pronto ha salido en el patio de la casa donde vivía cuando era pequeña. Una noche soñé con mi Voldemort particular, me desperté a las cuatro de la mañana gritándole que me dejara en paz y no pude volver a dormir.
Pero la otra noche tuve un sueño muy chulo. Lo cuento, porque oye... quien sabe... quizá algún día se haga realidad :P
Partamos de la base de que es un sueño, así que no esperéis que tenga ningún sentido, jajaja!




No recuerdo dónde estaba, pero la cosa empieza con que viene mi cuñado Roberto (empezamos bien, ays madre, jajaja) que me entrega un sobre. ¿Por qué Roberto? No sé, no lo entiendo... El sobre era como los que te manda el banco con el número secreto de la tarjeta, pero éste cuando lo abrí de pronto me aparecen unas letras... al principio borrosas pero luego, moviendo el papel como en aquellos cromos de cuando éramos pequeños... y consigo leer que pone:

NIÑO.

Y de pronto caigo en la cuenta, me voy a despertar a Luis, le digo... en ese tono sosegado y tranquilo que os podéis imaginar:

¡¡ESTAMOS ASIGNADOOOOOOOOOOSSSS!!!!

Él, cara de nomelopuedocreer, le enseño el sobre y le digo: ¡Es un niño! Le cambia la cara y dice: No, niño no... no jorobes... niño no... Y lo le contesto: No me digas eso! cómo vamos a decir ahora que no, con todo lo que llevamos esperado... Se conforma y dice: Bueeeeno... vaaaale...
El resto de la familia reacciona más o menos parecido, nadie se alegra de que sea un niño, pero yo estoy como loca. Poco a poco se van convenciendo, al final están encantados, viéndole las ventajas pero me dicen que el nombre que yo he elegido ni hablar, que le llamamos Leo. (Esto es real, juas juas!)
El caso es que nos vamos a China, y cuando llegamos nos dan los papeles y unas fotos... en las fotos el nene tiene unas coletas. Y yo digo: esto está mal... se han confundido... a mi me asignaron un niño. Revuelo enorme, chinos que van y vienen, y de pronto viene uno muy serio pero muy amable, nos lleva aparte a mi, a mi marido, mis dos hijas y tres personas más que están con nosotros y que no sé quien son (glups) y nos dice que lo siente mucho, que no sabe qué ha pasado (no estoy segura de si hablaba un español perfecto o es que de pronto nosotros sabíamos chino, jajaja), que nunca les había pasado... pero que nuestra niña es aquella de las fotos, la de las coletas... Nos miramos todos, sonriendo y decimos que siiiiii... Y nos la traen. La nena de las coletas, cara redonda, coloradita, vestida de azul eléctrico... se llama Su-Yu (*). Y es nuestra hija. No llora, se rie... y nos habla, y la entendemos... (de nuevo no sé en qué idioma nos entendemos). Y me dice: Mami... te quero... Y yo rompo a llorar y... ya no recuerdo más.

Esto es todo.  No es nada espectacular, ya veis... tiene algunas chorradas como lo del sobre, pero lo demás es bastante previsible. Pero en seis años nunca había soñado con ese momento, y me levanté contenta y feliz como una perdiz, jijiji...


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miércoles, 6 de julio de 2011

Acantilado rojo

Hace unos días vi Acantilado rojo, una película dirigida por John Woo, un director chino que empezó trabajando en Hong Kong y que desde Hollywood hizo (que yo conozca) Cara a cara (Face off) o Misión Imposible II. Esta es 100% china, una superproducción bestial, en China se hizo en dos partes de dos horas y media, pero la que vemos aquí es la edición internacional.

Esto no es un crítica de cine, yo no sé si entiendo de cine o no, sé si una película me gusta o no me gusta, y reconozco que tengo bastantes prejuicios; en general no me gusta el cine español, al que encuentro estancado en frikadas o guerracivilismo (y me aburreeeeee) aunque hay excepciones, por ejemplo me gustó mucho Los girasoles ciegos.  Tampoco me gustan esas películas de "largos silencios", ni las de gente atormentadas... soy simple, y cuando veo una película quiero evadirme, no sufrir. En casa nos gustan las de aventuras, acción (patadas y explosiones, jajaja), las de suspense y las comedias románticas, además de las infantiles, que esas caen todas. Pero no las vemos en el cine sino en TV, estamos abonados a Digital+ y aunque vamos tarde, acabamos viendo casi todo, más con el iPlus, ese aparatito sin el que ya no puedo vivir :) Gracias a él vemos todas las series que nos gustan el día que nos viene bien y a la hora que nos da la gana.

El caso es que hace unos días se grabó Acantilado rojo porque era una de las películas recomendadas de la semana. Cuando vi el metraje (142 minutos) casi me da algo. ¿Dos horas y pico de película? A ver de dónde las saco. Pero las saqué, vaya que si. Y se me hizo corto!!

La historia se sitúa en China en el año 208, y es una adaptación del libro El romance de los tres reinos, que al parecer se basa en un hecho real. El primer ministro Cao Cao maneja al emperador han y le insta a que declare la guerra a los reinos del sur, con el pretexto de evitar una sublevación de estos, aunque en realidad son otros sus motivos (que no os diré para no desvelar la trama). A partir de ahí, una historia de guerra, de alianzas, amor, lealtad y amistad, de estrategia militar... todo espectacular, imaginaos para representar al ejército del malvadísimo (bueno va, no tanto, jeje) primer ministro, que era de 800.000 hombres. Pues yo creo que la mitad están, jajaja! Hay efectos especiales, por supuesto, y supongo que mucho está hecho por ordenador, pero repito, el resultado es espectacular. Y además chicas, está el guapo Takeshi Kaneshiro, en un personaje agradecidísimo, simpático, inteligente, honrado... protagoniza una de las escenas más graciosas de la película; no todo es sangre, aunque hay mucha sangre... vaya, es una película de guerra. Para los chicos, también salen un par de bellezas como Lin Chi Ling y  Zhao Wei. Además de la historia en si, los escenarios naturales, los paisajes son maravillosos. Claro que no sé si soy muy imparcial aquí, jeje...


En resumen, que os la recomiendo totalmente. Si tenéis Digital+, aún la están poniendo. Si podéis, mejor verla grabada. Al menos a mi, al principio me costó un poco hacerme con los nombres, así que tuve que rebobinar un par de veces. Buscando fotos para ilustrar este post he visto algunos enlaces para verla online. No los pongo, pero encomendaos a San Google.

Si os animáis, ya me contaréis qué os pareció. En mi casa cuando me puse a verla a nadie le apetecía, pero oye, que se quedaron y al final les gustó tanto como a mi. Os dejo aquí el trailer para abrir boca.


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jueves, 21 de abril de 2011

55... MESES... en Pekín






¿Os acordáis de aquella película? Seguro que el título os suena, aunque no la hayáis visto. Bueno, yo me he acordado porque hoy cumplimos, no 55 días en Pekín sino 55 meses. Desde el 21 de septiembre de 2006 nuestro expediente duerme en una estantería del Centro Chino de Adopciones, ahora llamado CCCWA. ¿Duerme? Yo diría que está en coma, alguna vez he pensado que las hojas estarán amarillentas y las fotos descoloridas, o no, porque ¿y si nadie lo ha abierto en todo este tiempo? Bueno si, lo abrieron para coger los cheques. Algo es algo.

Recuerdo ahora aquellas historias que leí al principio del proceso, sobre todo una, aquella que hablaba sobre el matching room y como allí la persona que unía nenes con papás se lo tomaba de una forma poética, uniendo su hoyuelo con tu hoyuelo, tu fecha de nacimiento con la suya... Muy bonito. ¿Sabéis qué? Que ahora mismo me da igual la poesía, creo que han tenido tiempo para unir veinte millones de hoyuelos, ni el más tópico de los funcionarios maneja tan lentamente el sello, queridos señores del CCCWA, un poco de vidilla, dénle al chim-pum con un poco más de alegría, que los niños van creciendo y los padres haciéndonos viejos, y empieza a darnos igual la poesía.

¡Han cambiado tantas cosas en este tiempo! No quiero hacer balance, hay muchas cosas buenas, otras no tanto, unas pocas malas... ¡la vida! Mientras la vivimos, hoy solo me quiero parar a pensar en ese expediente que ha pasado tantos meses espachurrado debajo de cientos, miles de otros como él, llenos de ilusiones, y quiero pensar que cada vez está menos espachurrado y que ya prontito el sucesor de Su Yu (que ya se habrá jubilado) hará chim-pum en nuestro expediente y en una foto. Y acabará esta larguísima etapa. Que ya nos vale.
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Lanzamiento de globos-deseo


Sin duda alguna, el momento más emocionante de los últimos tiempos en lo que a la espera se refiere fue éste. Celebrábamos el año nuevo chino junto a nuestros amigos de AFAC en Barcelona. Tras la magnífica comida, salimos a ver cómo volaban los globos con nuestros deseos pegados a ellos. El globo blanco - más grande y que subió mucho más rápido y más alto que el resto- llevaba nuestros deseos de recuperación para dos enfermitos muy especiales: Saray Li y Rui. Los rojos y verdes eran nuestros deseos. Eva y Andrea pusieron lo mismo, casi palabra por palabra. Y coincidió con lo que yo había escrito. No hace falta que diga cual era ese deseo, ¿verdad?





Gracias a Maka, cuyo hombro recogió mis lágrimas, cuando ya no podía ver para seguir haciendo fotos.


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miércoles, 27 de octubre de 2010

Los hijos





Hay un periodo cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos. Es que los niños crecen independientemente de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes...

Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti y con una naturalidad increíble te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura de pañales, ¡ya creció!

¿Cuándo creció que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron las fiestas infantiles, el juego en la arena, los cumpleaños con payasos?

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estas allí, en la puerta de la discoteca esperando no sólo que no crezca, sino que aparezca.

Allí están muchos padres al volante esperando que salgan. Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas. Con el uniforme de su generación y sus incómodas y pesadas mochilas en los hombros.

Allá estamos nosotros, con los cabellos canos. Y esos son nuestros hijos, los que amamos a pesar de los golpes de los vientos, de las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y la dictadura de las horas.

Ellos crecieron amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y nuestros aciertos. Principalmente con los errores que esperamos no se repitan...

Hay un periodo en que los padres vamos quedando huérfanos de los hijos. Ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y del cine.

Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet, la natación. Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama, al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes, cubrecamas de aquellas piezas con calcomanías, afiches, agendas coloridas y discos ensordecedores.

Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto. Al principio fueron al campo, la playa, navidades, pascuas, piscinas y amigos. Sí, había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de la música de moda.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, no podían dejar a sus amigos y primeros enamorados.

Quedamos los padres exiliados de los hijos. Teníamos la soledad que siempre deseamos, y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, oramos mucho (en ese momento se nos había olvidado) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad y conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

El secreto es esperar. En cualquier momento nos darán nietos.

El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios hijos. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.

Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

Así es. Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres; sólo aprendemos a ser padres después de ser abuelos.

En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después de que la vida se nos va pasando...




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Actividad: Hasta hoy llevamos